Corazón y Cerebro en la pandemia COVID-19

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La humanidad a sufrido reiteradas epidemias y pandemias a lo largo de su historia. Algunas lejanas en el tiempo como la “peste bubónica” en la edad media, la viruela (1520), las Grandes pestes de los siglos XVII-XVIII, otras mas cercanas como la “gripe española” (1918), la poliomielitis (1956), la gripe aviar (1997) o la porcina (2009) y, en la actualidad la pandemia del COVID-19.

El avance en el conocimiento científico ha permitido desarrollar tratamientos efectivos en algunos casos y vacunas en otros. Sin embargo, la forma más efectiva para disminuir el saldo negativo en número de vidas pérdidas fue siempre el asilamiento social. Si bien la palabra “cuarentena” (del italiano quaranta giorni) indica un período concreto de tiempo para el aislamiento, hoy día su extensión superar el número 40 sin un claro límite.

Los trastornos anímicos tales como, el estrés, la ansiedad y/o depresión, pueden verse exacerbados durante el aislamiento social o ser su consecuencia. En una investigación que realizamos en más de 1000 pacientes con afecciones cardíacas y/o factores de riesgo vasculares (asistidos en los consultorios externos de un centro de medicina cardiovascular)[Ref.1], demostramos que el 10% de ellos presentaban depresión y más del 20% depresión asociada a síntomas de ansiedad. Lo relevante del estudio fue que, las personas con síntomas depresivos/ansiosos presentaban más enfermedad cardiovascular y adherían con mayor frecuencia a conductas de riesgo nocivas tales como la inactividad física o el fumar cigarrillos.

El estrés y la ansiedad son situaciones anímicas que pueden precipitar un ataque cardíaco, incluso la depresión es considerada un factor de riesgo que duplica el riesgo de padecer un infarto de miocardio. Más aún, no es necesario que los pacientes cumplan con todos los criterios para el diagnóstico de ansiedad y/o depresión, la sola presencia de “emociones negativas” (ej.: la tristeza o la angustia) puede causar isquemia cardíaca (es decir: déficits en la circulación coronaria) y aumentar el riesgo de sufrir in infarto de miocardio.

El temor al contagio o a lo desconocido, la incertidumbre, las ideas de preocupación que pueden surgir durante el aislamiento social, son estímulos amenazantes que impactan en forma negativa sobre personas con personalidades vulnerables y/o enfermedad cardiovascular. La actual pandemia impone un equilibrio entre el aislamiento social y la prestación de servicios médicos asistenciales. Y, en tal sentido, sin exposiciones innecesarias la consulta virtual o a distancia encuentra un espacio apropiado para el encuentro médico-paciente.

Lo que “es bueno para el corazón es bueno para el cerebro”. Nuestra mente es el resultado del adecuado funcionamiento cerebral y preservar la salud cardiovascular es conservar las capacidades intelectuales para tomar decisiones correctas.

Dr. Augusto Vicario
Dr. Gustavo H. Cerezo
Red Federal Corazón-Cerebro

[Ref.:1] Rev Fed Arg Cardiol 2018;47(1):26-31.


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