Día Mundial de la Salud: la Depresión.

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Un hombre. Sentado en la esquina de una habitación. Desnudo. Taciturno. Soporta el peso de la cabeza sobre su brazo. La mirada fija en la nada. Esta gigantesca escultura del autor Ron Mueck, es la imagen misma de la depresión.

Desde 1948 cada 7 de abril, la Organización Mundial de la Salud conmemora su fundación celebrando el Día Mundial de la Salud y cada año lo dedica a un tema prioritario de la salud. El 2017 está dedicado a la depresión. El 5% de la población mundial la sufre y según el último censo en Argentina (2010) 1 millón y medio de personas mayores de 15 años la padecen. Sin embargo más de la mitad no son diagnósticas. La depresión no respeta edades, afecta a jóvenes, adultos y ancianos. Desde la presencia de síntomas aislados hasta el desarrollo de un trastorno depresivo mayor, las personas afectadas puede presentar problemas conductuales (tristeza, desesperanza, irritabilidad, falta de placer), cognitivos (falta de atención, concentración) y corporales (fatiga, insomnio, ganancia o pérdida de peso). La depresión aumenta el riesgo de contraer una enfermedad cardíaca o vascular del cerebro (ACV). Es causa de discapacidad y suicidio. Es más común en las mujeres. Pero, ¿Qué es la depresión? ¿Cuál es su causa? ¿Podemos prevenirla o tratarla?

Actualmente se desconoce la causa de la depresión. ¿Genética, bioquímica, hormonal, psicológica o social? La ciencia avanza y diversifica sus líneas de investigación para responder los interrogantes. La depresión presente en los progenitores de personas deprimidas da paso a la hipótesis genética. Las variaciones en los niveles hormonales experimentados durante el período menstrual o pos parto podrían explicar algunas formas de la depresión que ocurren en la mujer. Las consecuencias de un suceso vital negativo o las interacciones sociales o culturales inadecuadas podrían ser causas psicológicas. Sin embargo, la utilización de ciertos fármacos, empleados con éxito en el tratamiento de la depresión, hacen de la hipótesis bioquímica la más plausible. Estos fármacos modulan los niveles sustancias químicas en el cerebro (serotonina, noradrenalina, dopamina) que intervienen en la regulación del estado anímico. Dado que la serotonina es un transmisor de los mensajes entre neuronas, su deficiencia podría comprometer la normal comunicación y desarrollar la enfermedad. Estos fármacos, llamados genéricamente antidepresivos, actúan en sitios específicos del cerebro y mejoran la sintomatología de los pacientes.  No obstante estos alentadores resultados, deberíamos pensar que la causa no es única sino múltiple.

Los antidepresivos demoran entre una a dos semanas en iniciar su efecto y el tratamiento (elección del fármaco y dosis) debe ser individualizado. Como todo medicamento pueden causar efectos secundarios, en general menores y no obligan a suspenderlos.

En conclusión:

  1. debemos estar atentos al diagnóstico de depresión,
  2. cuanto antes comencemos el tratamiento más eficaz será,
  3. es necesario utilizar fármacos (antidepresivos) que normalicen las sustancias químicas del cerebro
  4. considerar que la psicoterapia es un coadyuvante del tratamiento farmacológico.

La depresión es una enfermedad más común de lo que pensamos.

 

Dr. Augusto Vicario

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