La ansiedad y la depresión en la pandemia COVID-19

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“El justo término medio entre dos extremos viciosos”.
Aristóteles (384-322 a.C.)

Según un estudio realizado por investigadores del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y 4 Universidades Nacionales, el 80% de los trabajadores de la salud presentaron síntomas de ansiedad y/o depresión en la pandemia COVID-19. Encuestas realizadas en distintos países han demostrado un aumento en las emociones negativas y una disminución en las emociones positivas. China informó que el 35% de la población general presenta moderada a severa ansiedad y/o depresión, Irán el 60% y Estados Unidos el 45%. Además, y como consecuencia del compromiso en la salud psicológica y las tasas de desempleo provocadas por la pandemia, el número de suicidios anuales podrían aumentar entre 2.500 a 9.500 casos más por año. Con el agravante que, según la Organización Mundial de la Salud por cada suicidio confirmado existen 20 intentos de suicidio.

Sin duda, el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) impuesto por la Secretaría de Salud de la Nación ha sido, el recurso más importante para disminuir el contagio en la pandemia del COVID-19. En tal sentido es clara la relación lineal entre el menor número de personas contagiadas y el rigor del aislamiento. Sin embargo y en forma paradojal, el aislamiento social es considerado un factor de riesgo, para desarrollar cuadros clínicos de ansiedad y/o depresión, exacerbar la sintomatología conductual pre-existente y acelerar la declinación cognitiva en personas con diagnóstico de demencia. Además puede, precipitar episodios coronarios (angina de pecho o infarto de miocardio), desencadenar arritmias o incrementar en forma temporal la presión arterial.

El miedo, la incertidumbre, los pensamientos negativos recurrentes son emociones frecuentes durante la abstinencia social causando sentimientos de ansiedad, angustia, tristeza, desesperanza, irritabilidad, así como falta de concentración, trastornos del sueño y síntomas corporales como opresión en el pecho, palpitaciones, taquicardia, temblores, sudoración, cefaleas, fatiga o cansancio, etc. Síntomas que, aislados o en conjunto configuran la base para el diagnóstico de Ansiedad y/o Depresión.

Según un estudio realizado en el ICBA-Instituto Cardiovascular, entre las personas con enfermedades cardiovasculares, el 20% sufre ansiedad, el 10% depresión y el 21% un trastorno combinado (ansiedad + depresión). La pandemia es un suceso vital estresante con repercusión negativa sobre la salud psicológica y cardiovascular. La ansiedad genera un deterioro funcional y malestar importantes. Es así que, el aislamiento social puede resultar una amenaza al bienestar psicológico de las personas siendo la causa de altos índices de depresión, ansiedad e intolerancia a la incertidumbre.

Más aún, si consideramos que, la mayor exigencia de aislamiento social recae sobre grupos poblacionales de mayor riesgo (adultos mayores, personas que viven solas y personas con enfermedad cardiovascular) para desarrollar trastornos psicológicos. Por lo cual re-diseñar estratégicamente el aislamiento social por parte de las entidades de Salud Pública es un desafío para evitar las consecuencias patológicas posteriores a la pandemia.

Dr. Augusto Vicario

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